La
Última inmersiÓn de Markus
(28-03-08) Aún
no se ha cerrado el caso que pone en entredicho la “legalidad” de
una práctica peligrosa, que hasta ahora no se había
cobrado víctimas (oficialmente). Cientos y cientos
de buceadores han pasado sin incidentes por la experiencia
de bucear entre tiburones sin protección de jaulas.
Hasta el pasado 24 de febrero, día de la última
inmersión de Markus.
El
Licenciado Markus Groh dejó su toga negra de abogado
y se tomó unos días libres para enfundarse
un traje de neopreno negro y enfrentarse a una experiencia
que le llamaba poderosamente la atención desde que
se sacó su título de buceador: estar entre
tiburones sin la protección de una jaula.
El
austriaco aprovechó la cercanía de uno de los lugares
más emblemáticos en el sur de Florida, Tiger
Beach, y se puso en manos de expertos que hace más
de una década se dedican a organizar excursiones para
bucear entre tiburones.
Eligió hacer
una travesía de seis días, un viaje de ”vida
a bordo” con Scuba Adventures, del operador local Jim Abernethy,
en el vetusto yate Shear Water. El programa incluía
el “plato fuerte” que él buscaba y se iba
a realizar su anhelado sueño.
Pero algo salió mal y el sueño se convirtió en
pesadilla, y en su tumba.
Ocurrió lo
que tarde o temprano tenía que ocurrir. Han pasado montones
de buceadores por esa experiencia y nunca un tiburón había
atacado a un buceador. Pero era tentar la suerte. El sistema
tan criticado de atraer tiburones con carnaza, que llega a juntar
una nube de excitados escualos disputándose el alimento
entre un grupo de buceadores, parece que ha llegado a su fin.
Las
investigaciones que lleva a cabo el Ministerio de Justicia de
Bahamas (en paralelo con las de la fiscalía forense de
Miami) están bajo secreto de sumario y por ahora poco
o nada se sabe oficialmente. Las oficinas de Scuba Adventures
cerradas, el Shear Water amarrado en el puerto y Abernethy
en paradero desconocido, pero a disposición del tribunal
RODEADOS DE UNA VEINTENA DE
TIBURONES
Lo que
sí se sabe a ciencia cierta es que Markus y otros siete
colegas estaban posados en el fondo a 19 metros, rodeados de
una veintena de tiburones tigre y toro, atraídos
por gran cantidad de restos de carnaza. En un momento de confusión
y gran frenesí, con los escualos dando veloces pasadas
entre los espectadores, sin que nadie de los presentes viera
por qué, Markus hinchó su jacket y ascendió como
un cohete dejando tras de sí una estela de burbujas y
sangre.
Llegó a
la superficie y fue atendido inmediatamente. Estaba inconsciente,
mostraba signos de grave expansión pulmonar y le faltaba
una pierna, a la altura del muslo. Tras recibir primeros auxilios
detuvieron la hemorragia, pero agonizaba en el barco y, mientras
llegaba el helicóptero del Guardacostas, con todos a bordo,
nadie entendía por qué pasó. Entre el horror
y la desesperación se llegó a una conclusión
unánime: que fue un tiburón toro el que arrancó la
pierna a Markus, probablemente al capturar a toda velocidad algún
trozo de cebo cercano.
Según
Neal Watson, presidente de la Asociación de Buceo de Bahamas, “todos
los buceadores que conocemos a Abernethy le habíamos advertido
una y otra vez que cancelara definitivamente esas excursiones.
La práctica de llevar buceadores a mar abierto y lanzar
cebo para atraer a los escualos algún día iba a
terminar mal. Desde la Asociación (a la queAbernethy
no pertenece) le lanzamos varias advertencias, pero el se
amparaba en que no estaba prohibida esa actividad en Bahamas”.
SE ESTUDIA LA PROHIBICIÓN
TOTAL DE ESTAS ACTIVIDADES
Desde que
la Comisión de Conservación de Peces y Vida Salvaje
de Florida prohibió en 2001 las excursiones para alimentar
tiburones, empresas como las de Abernethy se trasladaron a Bahamas,
donde, hasta ahora, prestaban este servicio “legalmente”.
Pero ahora las autoridades estudian la rápida promulgación
de un reglamento para prohibir expresamente esa actividad y se
imponga el uso de jaulas para ver de cerca tiburones no potencialmente
peligrosos.
Según
el director del Archivo Internacional de Ataques de Tiburón
en la Universidad de Florida, George Burgués: “es
la primera muerte por ataque de tiburón de este año,
sin embargo, aunque no consta oficialmente, no es la primera
vez que alguien muere realizando este tipo de actividad”.
Es casi
seguro que la muerte de Markus marca el final de las prácticas
de feeding y chumming. La primera consiste
en sumergirse y alimentar poco a poco a los animales, acostumbrándose éstos
a la presencia periódica del buceador. Con el chumming se “riega” la
zona de la inmersión con sangre, tripas y restos varios
de pescado, cosa que atrae a los tiburones en masa y descontroladamente.
SE ADVERTÍA DE LOS
RIESGOS Y SE PEDÍA "CIERTA EXPERIENCIA"
Ambas eran
prácticas que Abernethy ofrecía en su web. “Nadie
le lleva más cerca” prometía la página,
pero eso sí, advirtiendo de los riesgos y la necesidad
de tener “cierta experiencia”
como
buceador. El dilema está ahora en manos de las autoridades
de Bahamas, entre las que hay voces que piden una nueva ley,
mientras que otras, que son las más influyentes, ven con
mala cara el “cierre” de una actividad que dejaba
cientos de miles de dólares al mes en la infraestructura
turística.
La cancelación
de esa actividad supondrá un duro revés a la economía
de muchas personas que viven exclusivamente del dinero que se
dejan los buceadores que viajan Bahamas buscando esas “emociones
fuertes”. Pero lo racional se impondrá a esa necesidad
que tiene el ser humano de poner su vida en peligro a pesar de
las pérdidas económicas.
El juicio
popular deja clara la inocencia del tiburón, que arrancó accidentalmente
la pierna del buceador y, en todo caso, la responsabilidad recae
sobre la propia víctima, por exponerse voluntariamente
a una arriesgada actividad. Markus Groh no era un novato, llevaba
mucho tiempo esperando “su momento”, sabía
a lo que se exponía y aceptó el reto, como hemos
hecho cientos y cientos de buceadores, y siempre sin percances...
Texto y Fotos: BV