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(22-02-07) Iniciamos
una serie de capítulos dedicados a la prevención
y cuidados ante un accidente. Con estas entregas solo pretendemos
informar, para aplicar tratamientos ya están los
médicos, pero es necesario estar preparados para
saber qué hacer en cada situación.
Todo
nuestro cuerpo presenta una envoltura llamada piel, que
hace la función de barrera. Esta barrera funciona en dos
sentidos: de fuera hacia dentro, evitando le entrada de gérmenes
y que los tejidos se pongan en contacto con los agentes físicos
o químicos externos, y de dentro hacia fuera, evitando la
salida de los líquidos que circulan normalmente entre los
tejidos. Cualquier lesión que rompa esta piel es una herida.
Las
heridas las podemos clasificar de varias maneras. La incisa es
la que está producida por un objeto cortante, que presenta
unos bordes limpios. La contusa está producida
por la contusión con un objeto romo y presenta unos bordes
irregulares o magullados. La penetrante es de longitud
pequeña y una gran profundidad, producida por un agente
punzante, como un clavo, un coral, arma blanca, etc... En el desgarro,
los bordes son irregulares y está producido por una mezcla
de contusión y arrancamiento. En este grupo están
los scalp o arrancamientos de una zona grande de piel.
Si el arrancamiento no es completo se denomina colgajo.
La
gravedad de una herida se define fundamentalmente por dos factores:
la extensión, es decir, cuanto más grande
sea la herida más son los riesgos de hemorragia, infección,
cicatrización anómala... y la estructura afectada,
que según sea su magnitud, determinará la gravedad
de la herida. Por ejemplo, no es lo mismo una herida punzante
en el brazo que en el hígado.
RECONOCER, VALORAR Y ACTUAR EN CONSECUENCIA
El
saber reconocer los síntomas de una lesión
nos permitirá hacer lo correcto ante cada situación.
Por ejemplo, el dolor, que es variable según
la sensibilidad de cada persona y dependiendo del agente causante,
el tipo de herida, y la estructura afectada. Por lo general,
las heridas más dolorosas son las contusas, sobre todo
si la zona lesionada es rica en terminaciones nerviosas. ¿Quién
no se ha dado alguna vez un golpe en el centro de la rótula?
La hemorragia es
claro síntoma de la rotura de algún vaso sanguíneo
y la separación de los bordes depende del agente
causante.
Predomina
en las incisas, punzantes y en los desgarros. La inflamación depende
del agente causante y de la fuerza del traumatismo. Predomina
en las heridas contusas.
En
caso de que sea necesario hay que ser muy cuidadoso en el tratamiento
de las heridas. Lo primero, una buena limpieza de manos y,
utilizando el material estéril de ese botiquín
básico que siempre viaja con nosotros, lavar la herida
con suero fisiológico o agua para arrastrar cuerpos extraños.
Si quedan cuerpos extraños que no podemos extraer, no
forzaremos su retirada y lo dejaremos para los médicos.
Hay
que limpiar la herida con gasas estériles, frotando desde
el centro de la herida hacia afuera. Siempre consideraremos que
la parte externa de la herida está contaminada y hay que
aplicar antiséptico tipo povidona yodada (Betadine) y
tapar la herida. Desde luego, si la separación de los
bordes de la herida es muy importante, trasladaremos al accidentado
a un centro médico. En las contusiones el mejor tratamiento
es la aplicación de hielo, pero es básico valorar
el que nunca retiraremos objetos que estén clavados,
pueden estar comprimiendo una arteria y al retirarlos provocar
una gran hemorragia, cuyo tratamiento podemos ver en uno de los
recuadros.
MUCHA PRECACUCIÓN
ANTE UNA HERIDA GRAVE
Puede
ser que nos encontremos ante la difícil situación
de enfrentarnos a una herida grave. Hasta que llegue
la asistencia sanitaria profesional, así es como deberíamos
actuar: ante una herida en el cráneo, la gravedad
dependerá de las estructuras afectadas. Si la lesión
es superficial, curaremos la herida y la taparemos con un apósito.
Por supuesto, si hay algún objeto clavado no lo retiraremos.
Si observamos salida de líquido blanquecino por la oreja
nos puede indicar fractura de la base
del cráneo. En este caso esperaremos siempre a que llegue
personal sanitario especializado.
Las heridas
de tórax son graves cuando el interior está en
contacto con el exterior, ya que siempre se asociarán
a neumotórax, lo que acarrea insuficiencia respiratoria.
Si hay algún objeto clavado nunca lo sacaremos. Si se
observa que sale aire por la herida, taparemos la herida dejando
un espacio para que salga el aire. Colocaremos al accidentado
en posición semi-sentado e intentaremos tranquilizarle
hasta que llegue la ambulancia para su traslado al hospital.
En
cuanto a las heridas de abdomen, producidas por algún
tipo de objeto punzante, son heridas muy graves ya que pueden
desencadenar un shock. Si hay algún objeto clavado nunca
lo sacaremos; taparemos la herida y la sujetaremos sin comprimir.
Colocaremos al accidentado estirado, con las piernas ligeramente
flexionadas y ojo, no hay que dar ningún alimento, ni
líquido ni sólido.
Texto: Carlos Ríu.
Diplomado en Fisioterapia
e Instructor de Soporte Vital Básico |