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Una inmersión milagrosa
(Ishiro Wang / 18-09-07) Mark Chenoweth, un licenciado en literatura de 45 años que vive en Leek (Staffs), en Sudáfrica, que lleva desde los 12 años en una silla de ruedas, paralizado de cintura para abajo, a causa de su espina bífida, recuperó la mobilidad tras una inmersión. El milagro duró tres días y tras otra inmersión volvió a andar.
 Según cuenta el propìo Mark ,”cuanto más profunda es la inmersión, más tiempo puedo valerme por mi mismo. Es un milagro.” Los doctores que le atienden desde hace años no salen de su estupor ante este hecho que han constatado es real. Buscan la explicación a esta repentina curación que, según ellos, “jamás pensaron que pudiera producirse”. Dicen que es probable el que “ durante la inmersión, el oxigeno extra que aporta al torrente sanguíneo la presión que aumenta con la profundidad, tienen un efecto beneficioso temporal en determinadas células nerviosas”.
Realmente, los médicos que atienden a Mark y toda una serie de especialistas consultados sobre este caso, no saben hacia dónde apuntar para explicar la causa exacta de la curación. Lo que sí está claro es que cuanto más profundo bucea, más tiempo dura “la curación”. Si tras la primera inmersión de 30 minutos a 17 metros de profundidad, estuvo tres días andando, con la segunda, 45 minutos a 25 metros, consiguió andar durante casi tres semanas. Mark y su mujer Denise tienen claro que, aunque sea pleno invierno, tendrán que bucear “por obligación” para que Mark pueda andar y hacer una vida normal.
Los médicos del Hospital Universitario de North Staffordshire, donde Mark ha sido tratado durante la última década, están estudiando reproducir los efectos de la presión y enriquecimiento de oxígeno en sangre en una cámara hiperbárica y probar este tratamiento en Mark para luego aplicarlo a otros pacientes con cuadros clínicos similares, eso sí, en el caso de que sea efectivo. Mientras, Mark se prepara para inmersiones profundas para ampliar los efectos curativos. Dice que: “Si hacemos inmersiones a 50 metros, podré caminar al menos durante ocho meses…”, algo con lo que los médicos no están muy de acuerdo, aunque tampoco tienen base científica para apoyar su reticencia y asombro ante esta curación tan “milagrosa” como inesperada. |