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Beluga valenciana: 25 días de agonía
(BV/21-12-06) El primer delfín beluga nacido en cautividad en Europa murió tras 25 días de agonía. El equipo de científicos, veterinarios y cuidadores que atendieron al bebé beluga desde su nacimiento han visto con impotencia cómo a pesar de sus esfuerzos la vida del animal se apagaba poco a poco, según ellos, debido a “dificultades motoras y la inexperiencia de la madre".
Cierto es que Yulka, la madre, fue la hembra de beluga conocida más precoz del mundo en dar a luz. Apenas había alcanzado su madurez sexual (8 años), fue inducida al apareamiento con el macho Kairo tras su llegada a España procedentes de Argentina en julio de 2003. Tras un difícil parto, de más de ocho horas, nació una cría que no llegó a alimentarse de la madre. En seguida se detectaron ciertas dificultades motoras; sus movimientos eran erráticos y mostraba exceso de flotabilidad. Los responsables del Oceanográfico de Valencia no tardaron en anunciar sus “reducidas posibilidades de vida”.
Estos mamíferos marinos sufren severos traumas cuando son “retirados” de su hábitat natural y son confinados (condenados a cadena perpetua) en peceras gigantes, donde son reclamo de exhibición para el público y dan buenos beneficios a la industria del cautiverio. Es una moda extendida por todo el mundo que supone constantes sufrimientos para los animales y una exigencia de adaptación al nuevo medio, a costa de su vida si es necesario.
OTRO AGONIZANTE EN GEORGIA
Tras la muerte de la cría valenciana, empezó la agonía de otro delfín beluga confinado, esta vez un macho adulto de cuatro metros de largo bautizado como Gasper, que llegó al Acuario de Georgia en 2005 procedente de México, junto a su compañero Nico. A pesar de estar en la pecera más grande y espectacular de Atlanta, rodeada de los mejores cuidados médicos que puede recibir un delfín, Gasper agoniza y está a punto de morir víctima de un fallo generalizado de su sistema inmunológico.
“Ya estaba enfermo cuando llegó” dice Tim Binder, uno de los responsables del acuario; “tenía algunas lesiones en la piel y al poco tiempo descubrimos que tenía osteomielitis, una enfermedad crónica y potencialmente mortal. Ha dejado de tener interés en comer y sin que funcione su sistema inmunológico, las posibilidades de que sobreviva son muy limitadas”.
Desde que dejó de comer, Gasper fue trasladado a otra pecera, fuera de la vista del público, donde agoniza en solitario, aunque rodeado de especialistas llegados de acuarios de todo el país, que poco pueden hacer por salvar su vida. |