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En las rías gallegas viven 500 arroaces

Arroaces(JDMA/03-12-06) Un censo estimativo realizado por CEMMA (Coordinadora para o Estudo dos Mamíferos Mariños) sitúa en medio millar el número de ejemplares de delfines mulares (Tursiops truncatus, arroaces, delfines nariz de botella, bottlenose dolphin) que viven en las costas gallegas, entre A Guarda y Ribadeo. La Coordinadora, con el apoyo de la Consellería do medio Ambente es la única entidad que realiza trabajos científicos en Galicia, para conocer la población de mamíferos marinos y el impacto que tienen sobre ellos las actividades del ser humano.

     El censo se ha realizado a través de una red de avistamientos costeros (red RAVIS, con unos cien voluntarios) y ha permitido confirmar que las Rías gallegas tienen una de las mayores poblaciones de arroaces de Europa. De hecho se ha constatado que una de las razones de esta alta densidad de población es debida a un importante factor: la alimentación. El presidente de CEMMA, el biólogo Alfredo López, señala que “esta elevada cifra es a causa de la alta biodiversidad en fitoplancton y zooplancton de las rías gallegas. La alimentación es un factor clave para el mantenimiento de poblaciones abundantes”.

EN GALICIA COMEN MEJOR QUE EN FRANCIA O IRLANDA

     De hecho, la dieta de los arroaces gallegos puede alcanzar la veintena de especies, mientras que en zonas como las costas francesas o irlandesas no pasan de seis. En esos países, el delfín mular se alimenta básicamente de jureles, pulpos, luras o lirios, mientras que en las Rías gallegas suman a su dieta sus bocados preferidos: sardinas, chocos y mújoles.

     Los arroaces gallegos viven permanentemente en esa área, muy cerca de la costa y son muy fáciles de avistar. Son amables, juguetones y confiados; a veces, incluso “ayudan” a los pescadores empujando bancos de mújoles o sardinas hacia las redes, aprovechando para darse un festín. Pero son muy vulnerables a las actividades humanas. En zonas como Vigo, Sanxenxo, Arousa, Vilaxoan y Vilagarcía hay grupos de veraneantes que se dedican al acoso y persecución de las manadas de arroaces, rompiendo los grupos y obligándolos a abandonar las zonas donde viven.

OBLIGADOS A CAMBIAR SUS COSTUMBRES

     Ya se detectan cambios en el comportamiento de las manadas. De entrada, hasta hace poco estaban formadas por unos 20 individuos y ahora, de media, no pasan de la docena. También se les ve cada vez Arroacesmenos desde tierra. En puntos como los puertos de Sanxenxo, Vigo, Bouzas y A Guarda donde era habitual ver las evoluciones de los delfines, ahora ya no aparecen. Tampoco se ven las manadas que habitualmente acompañan a los pesqueros en la Ría de Arousa, o sus juegos bajo el puente que une la Isla con el continente.

     Otro indicio de la presión a que se está sometiendo a los arroces gallegos es el número de varamientos que se produce por año. En 2000 la media anual no pasaba de media docena; en 2006, según CEMMA la media está en 15 al año. La preocupación de los biólogos por los arroaces se extiende también a otros mamíferos como la toniña (marsopa común, Phocoena phocoena, harbour porpoise), y el arroaz boto (delfín gris, Grampus grisenus, Risso's dolphin).

     La toniñas viven en las embocaduras de las Rías y se calcula que deba haber unas 300; se mueven en aguas entre 20 y 40 metros de porofundidad, en los alrededores de las íslas Cíes, Ons y Sálvora. Arroaz boto y caldeirón (calderón) habitan aguas entre los 150 y 500 metros de profundidad y a unos 20 kilómetros de la costa, viven en gripos de media docena de individuos y la población real de estos mamíferos aún se desconoce.

 
 
 

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