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(05-02-10) Varias especies se alimentan mediante la succión de los fluidos corporales de otros animales marinos. Ahora los investigadores han descubierto en las oscuras profundidades del Cañón de Monterrey que las arañas marinas gigantes succionan los jugos de las anémonas del mar profundo.
Arrastrándose lentamente a través del lecho marino profundo con sus piernas largas y delgadas, las arañas marinas gigantes se encuentran en muchas zonas de aguas profundas. Pero, como ocurre con muchos animales de mar profundo, sabemos muy poco sobre cómo viven. Un trabajo reciente de investigadores afiliados a MBARI muestra que las arañas de mar succionan el jugo de las anémonas del mar profundo. Los investigadores descubrieron también unos cuantos lugares donde, tanto las anémonas como las arañas de mar, se congregan en las oscuras profundidades del Cañón de Monterrey.
Aunque se parecen en cierto modo a las arañas terrestres, las marinas pertenecen a una clase de animales completamente separada conocida como picnogónidos. Los picnogónidos son depredadores “suctorios”, la mayoría de las especies se alimentan succionando los fluidos corporales de otros animales marinos.
Los pignogónidos son bastante comunes en las marismas, pero estas especies intermareales son típicamente pequeñas y difíciles de ver. En contraste, los picnogónidos del mar profundo pueden crecer hasta los 50 cm. y pasan gran parte de su tiempo en el fondo en mar abierto.
Los autores del reciente artículo originalmente no tenían la intención de aprender sobre las arañas de mar. El autor principal, Caren Braby, antiguo estudiante postdoctoral en MBARI, trabajó con Robert Vrijenhoek, científico senior de MBARI, y un equipo de investigadores que estaban estudiando gusanos raros y otros animales que crecían entre los restos de las ballenas muertas, cuyas carcasas se posan en el lecho marino.
Una de estas “ballenas caídas” se encuentra localizada a 3.000 m. bajo la superficie, en los confines del Cañón de Monterrey. Los investigadores visitaron a estos restos de ballena muchas veces usando el vehículo por control remoto Tiburón, de MBARI, para estudiar cómo cambiaba con el tiempo la comunidad de animales que vivía entre los huesos de la ballena.
JUNTO A LAS ANÉMONAS POM-POM
Los investigadores se dieron cuenta pronto de que cada vez que visitaban este lugar veían picnogónidos. Y aún más interesante es que la mayoría de estos picnogónidos estaban junto a las anémonas pom-pom: arañas grandes, rodeadas de anémonas que se enrollaban en el lecho marino como si fueran cardos.
De hecho, los investigadores observaron que los grupos de anémonas pom-pom y sus restos se acumulaban frecuentemente junto a esta ballena muerta como si fueran cardos y montones de basura contra una valla de pinchos de alambre.
Durante bastantes inmersiones del ROV, los investigadores descubrieron que los picnogónidos se inclinaban directamente sobre las anémonas pom-pom. Ampliando la imagen de uno de estos encuentros con la cámara de vídeo del ROV los investigadores pudieron ver que el picnogónido había insertado su probóscide, una especie de trompa delgada, en uno de los tentáculos de la anémona. Como quien mete una pajita en el refresco…
Aparentemente los picnogónidos no devoraban anémonas enteras, sino que simplemente succionaban los jugos de sus tentáculos, uno de cada vez. En un caso, los investigadores incluso grabaron a un picnogónido que le quitaba un par de tentáculos a una anémona pom-pom y se los llevaba consigo en la boca como si fuera “comida para llevar”.
Sobre todo las anémonas pom-pom parecen sobrevivir a los ataques periódicos de los picnogónidos sin demasiada dificultad, aunque algunos investigadores observaron que las anémonas pom-pom afectadas “tenían una apariencia marchita comparada con sus vecinas”. Así, las anémonas pom-pom pueden servir de “recurso renovable” para los picnogónidos.
ARRANCAN ENTERAS LAS ANÉMONAS PEQUEÑAS
Otras especies de anémonas no tuvieron tanta suerte. Los picnogónidos también se alimentaban de anémonas más pequeñas que se agarraban directamente a los huesos de la ballena. Es estos casos los picnogónidos arrancaban anémonas enteras de sus perchas y se marchaban devorando a los animales a su antojo.
Además de congregarse alrededor de la carcasa de la ballena, los picnogónidos y las arañas de mar también frecuentaban una pieza de madera flotante y un gran campo de almejas de mar profundo de las inmediaciones. Como la carcasa de la ballena, estos restos y los almejares servían de oasis de rica comida en la llanura plana y fangosa del profundo lecho marino.
También se alzaban sobre los sedimentos de los alrededores, creando remolinos en las corrientes del fondo del océano. Tales remolinos permiten que los detritos y las anémonas pom-pom se acumulen. Los investigadores especulan si los picnogónidos pueden buscar tales áreas para aprovecharse del suministro relativamente abundante (e inmóvil) de alimento.
El reciente ytrabajo proporciona todavía otro ejemplo de cómo las observaciones “fortuitas” pueden llevar a nuevos descubrimientos en el medio ambiente mal comprendido del mar profundo. Además de proporcionar una pieza más del rompecabezas de la red alimentaria del mar profundo, este descubrimiento ayuda a los biólogos marinos a comprender cómo sobreviven los animales abisales con las fuentes de alimento efímeras y ampliamente dispersas que hay.
Texto: G. Romero / MBARI press
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