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(28-01-09) La experimentación con animales se remonta a tiempos
inmemoriales, pero la línea entre la crueldad y las necesidades
de investigación ha quedado desdibujada ante los intereses científicos
políticos y militares.
Fueron
los EE UU los que dieron al mundo el primer trasplante de cabeza
de mono que, dentro de los múltiples experimentos militares con
animales que se realizaban, parecía ser de los más crueles y
grotescos. Pero en los comienzos de los años 60, los científicos
militares orientaron su inextinguible curiosidad hacia los cetáceos,
como instrumento de investigación y lo peor, como eficaces máquinas
de guerra.
La
Armada de EE UU lanzó su proyecto secreto de delfines
en 1960, tratando de descubrir si la fisiología de los
animales podría ser aplicada al diseño de submarinos,
misiles y torpedos submarinos. El programa, sin embargo
pronto crecería, abarcando investigaciones claramente
más siniestras. Estas incluyeron la instrucción de delfines
para conectar los explosivos y escuchar a través de dispositivos
electrónicos escondidos en barcos y submarinos enemigos
y, a través de buzos auxiliares de Armada recuperando
costosas armas perdidas en el fondo del océano.
Ya en
1965, llegó a ser obvio que los EE UU estaban frente a la dura
competencia de la URSS, ampliando el espectro, según la CIA,
del "espacio del delfín”. Según informes de inteligencia
de los EE UU, el proyecto soviético del delfín implicaba cinco
estaciones de investigación en el Mar Negro, inclusive pequeños
laboratorios de bio-acústica y un delfinario. El programa ruso
preocupaba a la CIA, porque podría permitir a los soviéticos
evaluar los beneficios potenciales de desarrollar topes acústicos
como contramedidas para los programas del delfín de la Armada
de los EE.UU.
En el acta de 1981 de los US
Naval Institute Proceedings, el comandante Douglas R. Burnett,
abogado del almirantazgo, enervó el tema de la escalada de los
delfines de combate entre las superpotencias y expuso claramente
lo que suponía: "No es posible que no haya otra elección
excepto destruir delfines, u otro mamífero marino que represente
una amenaza similar".
"estimular los sectores
del dolor y del placer"
¿Pero los animales son entrenados o se les
“lava el cerebro” para que lleguen a ser asesinos? Irónicamente,
fue el neurofisiólogo y "Gurú de la Nueva Era", el
Dr. John Lilly, el primero en perfeccionar una técnica de implante
de electrodos en los cerebros de animales no anestesiados y estimular "los
sectores del dolor y el placer" de la mente.
Después
de matar monos por docenas en el Instituto Nacional de Salud
Mental, Lilly concluyó que la manipulación juiciosa de estas
áreas del cerebro podrían inspirar alegría y bienestar, o dolor,
cólera y temor. Sin lugar a dudas, utilizando los electrodos
para provocar los estímulos de recompensa o castigo, el animal
podría quedar subordinado totalmente a la voluntad del humano.
El ¿ingenioso?
Lilly, entonces desvió su atención hacia los delfines, bajo el
pretexto de desear "comunicarse" con estas criaturas
inteligentes y sumamente perceptivas. Para introducir los electrodos
en los cerebros de los animales completamente conscientes, se
les hacían orificios en el cráneo con un instrumento agudo y
un martillo de carpintero.
Según el Profesor.
Giorgio Pilleri, "el delfín se sujetó pero trató de
saltar al sentir cada golpe; no a causa del dolor, sino a causa
del ruido intolerable producido por el martillar”. Sin lugar
a dudas, muchos de los delfines de Lilly sufrieron una muerte
agonizante. "A pesar de la desilusión y la tristeza",
él declaró: "tuvimos que continuar con nuestra investigación:
nuestras responsabilidades yacen en encontrar la verdad”.
No fue
hasta años después, sin embargo, que un arrepentido Lilly finalmente
se enfrentó con la verdad, aparentemente evasiva. Después de
convertirse en toxicómano y padecer una lesión cerebral, el arrepentido
Lilly enfocó su investigación bajo un punto de vista enteramente
diferente: "estaba construyendo un campo de la concentración
para mis amigos”.
orcas que llevaban cabezas nucleares
A juzgar por el testimonio de
antiguos entrenadores de la CIA y la Armada de los EE UU, de
manera semejante, aunque con técnicas quizás menos invasivas
de "lavado cerebral" se han manipulado cetáceos desde
los comienzos de los 70. Un ex entrenador “desencantado”, el
neurofisiólogo Dr. Michael Greenwood, reveló que la Armada de
los EE UU había entrenado orcas para llevar y entregar explosivos.
La mayoría de ellas asustadas, declaró, eran capaces de remolcar
un peso de 7 toneladas durante varias millas, y había sido entrenadas
para llevar cabezas nucleares a costas enemigas. Detectar y detener
una “orca nuclear” en tal misión sería virtualmente imposible,
decía.
En 1972, la Armada de los EE
UU había desplegado un primer equipo secreto de "marsopas
guerreras" en Vietnam, como parte de su "Programa de
Anulación de Nadador", o sea, otra forma Orwelliana más
para matar. Por lo menos durante un año, estos delfines experimentales
se utilizaron para proteger los puertos estratégicos vietnamitas
contra la infiltración de hombres-rana enemigos.
Según el Dr. James Fitzgerald,
pionero en la investigación con delfines para la CIA y la Armada
de los EE UU, después de discernir que un buzo era intruso, los
animales se entrenaron para quitarles la mascarilla de un aletazo,
romper los tubos de suministro de aire y, finalmente, "capturarlo
para el interrogatorio”. De hecho, los delfines que sirvieron
en Vietnam parecen haber sido considerablemente menos benignos.
Sin duda, la explotación de los
cetáceos por el ejército de los EE UU era cada vez más sórdida,
lo que comenzó a provocar repulsión y “problemas de conciencia”
entre los propios entrenadores de los delfines. Varios renunciaron
con repugnancia, y experimentaron no pocas náuseas al traicionar
por lo menos algunos de los secretos del ejército al público.
Según el Dr. Michael Greenwood, los delfines de la Armada habían
sido enseñados también para matar, con cuchillos conectados a
sus aletas y hocicos.
"delfines asesinos" en la guerra
del vietnam
Lo peor debía venir sin embargo,
después, cuándo los delfines se equiparon con grandes jeringas
hipodérmicas cargadas con dióxido de carbono presurizado. Cuando
el delfín arrinconaba a un hombre-rana enemigo con la aguja,
el gas rápidamente expansivo causaría que la víctima literalmente
estallara. Años más tarde, se reveló que los delfines asesinos
de Vietnam habían sido realmente responsables de la muerte de
40 buzos del Vietcong, y accidentalmente, de dos militares Americanos.
Como un viejo entrenador de delfines
para la CIA contó en el Times, "ellos no pueden
decidir sobre la diferencia entre un amigo y un enemigo”. Verdaderamente,
quizás el concepto de amigo y enemigo mortal -una dualidad que
se manifiesta dentro de la misma especie- es igual al concepto
del extranjero para el delfín. Aunque la Armada concediera que
había sido capaz de "programar a los delfines y mantenerlos
bajo control por distancias de hasta varias millas”, negó
enérgicamente las acusaciones sobre lavado cerebral.
El secretismo sobre el entrenamiento,
incitó al Dr. Farooq Hussain del Departamento de Biofísica del
King College, University of London, a preguntar en voz alta: "¿Cómo
es que un animal que durante siglos sólo fue reconocido por su
inteligencia y la simpatía hacia el hombre, ahora es enseñado
por un hombre para matar a otros? Ellos deben utilizar estímulos
eléctricos en los centros del dolor y el placer del cerebro para
inducir y recompensar el comportamiento agresivo. De todas las
actividades depravadas y repugnantes de las cuáles el hombre
parece capaz, ésta parece ser una de ellas”.
En 1984, el columnista del Washington
Post, Jack Anderson alegó que los delfines militares se utilizarían
para minar clandestinamente los puertos nicaragüenses. Atestiguando
sobre las habilidades no superadas de los cetáceos en esta área
de la guerra, los anteriores entrenadores declararon que los
delfines podrían sembrar las minas unas cien veces más rápidamente
que la mayoría de las unidades de elite de hombres-rana de la
Armada. Sin embargo, en octubre de 1987, el papel de los animales
se había invertido, ya no daban tanta pena cuando media docena
de los delfines de la Armada fueron desplegados en el peligroso
Golfo Pérsico para buscar y desactivar minas iraníes.
investigaciones de laboratorio
"en vivo"
Aparte del servicio activo, los
delfines son utilizados también muy a menudo como modelos pasivos
en "investigaciones de laboratorio invasivas”.
Los misterios del sonar del delfín, por ejemplo, han obsesionado
a los científicos militares por lo menos durante veinte años
por la sencilla razón que las habilidades innatas en la especie
en eco-locución, o "ver con el sonido", supera aún
por lejos el equipo de radar más avanzado en los mejores arsenales
de las grandes potencias.
Realmente, esa obsesión por emular
las habilidades de estos animales tiene como resultado la agonía
y muerte de muchos miles de delfines, para lo que los EE UU destinan
presupuestos anuales millonarios. Pero parece ser que estos delfines
han sido afortunados, porque otros han encontrado destinos más
crueles, algo que ocurre cuando la investigación pasa de la necesidad
a la crueldad total y desprecio por la vida.
El Prof. Giorgio Pilleri describe
como "horribles" muchos de los experimentos de científicos
franceses, realizados en el Laboratoire d'Acoustique Animale sobre
delfines. Al explicar por qué acortó una visita de trabajo al
laboratorio francés, Pilleri dijo: "La última gota que
colmó el vaso fue cuando ellos me mostraron, evidentemente con
gran orgullo, un delfín al que se había mutilado totalmente,
y tenía un tridente inmenso sobresaliendo de su espalda. Encima
de eso, al mandar una tarjeta de felicitaciones a uno de sus
colegas en el exterior, todo el equipo de investigación firmó
con la sangre del delfín”.
Texto: Guadalupe Romero. Con información
de: universoanimal, Word Hole Oceanographic Institution-MMC,
usmarines.com, M.Moore, spawar.navy,
iridescent publising, Giorgio
Pilleri, CEMMA y GREMMAR |