(21-04-11) Por si fueran pocos los desastres que ha sufrido el pueblo japonés, tras los terremotos y tsunamis llegó la contaminación del medio marino. Ya se han detectado grandes cantidades de yodo y cesio radiactivos en capturas de pescados y mariscos. Ambos isótopos se encuentran en aguas cercanas a la central nuclear de Fukushima, en cantidades que son millones de veces superiores a las legales.
La primera vez que se habló de “millones” en Fukushima se trató de un error. La segunda, por desgracia, no. Tokyo Electric Power (Tepco) anunció que varias muestras de agua de mar recogidas el sábado cerca de la central nuclear contenían 7,5 millones de veces más yodo-131 del permitido por la ley (300.000 becquerelios por centímetro cúbico).
En las muestras tomadas a principios de la semana pasada, la contaminación había bajado a cinco millones de veces el límite (200.000 becquerelios), pero apareció un dato incluso más preocupante: el nivel de cesio-137, que tiene un periodo de semidesintegración de 30 años y tarda 150 años en volverse inofensivo, era 1.100.000 veces superior al límite considerado seguro. "Es una cantidad considerablemente alta", admitió Hidehiko Nishiyama, portavoz de la Agencia de Seguridad Nuclear Japonesa (ASNJ).
Masayoshi Yamamoto, profesor de radiología en la Universidad de Kanazawa, dijo a la agencia Kyodo que el cesio puede tener consecuencias fatales para la fauna marina: "Para cuando el yodo radiactivo sea absorbido por el plancton, que es comido por peces pequeños y luego por otros más grandes, se habrá diluido y la cantidad descenderá debido a su vida media de ocho días, pero el cesio es un problema mucho más grande". Su larga vida media significa que probablemente afectará a escalones más altos de la cadena alimentaria hasta llegar a los humanos.
Pero estas cifras de vértigo se quedan en minucia si se comparan con los 5,4 millones de becquerelios por centímetro cúbico (130 millones de veces el límite permitido) que se encontraron el sábado en una muestra de agua estancada dentro del reactor 2. Un dato para echarse a temblar.
tardarÁ 150 aÑos en volverse inofensivo
De hecho, varios expertos ya han apuntado que la contaminación marina podría ser mucho mayor de la admitida, y que incluso podría extenderse más allá de las fronteras de Japón. Si los materiales radiactivos son detectados en pescado japonés o de otros países vecinos, "todos los productos del mar japoneses se etiquetarán como inseguros y otros países acusarán a Japón si encuentran radiación en sus productos", vaticinó Yamamoto.
Esos temores han empezado a cumplirse. El lunes se detectaron 4.080 becquerelios de yodo-131 por kilo en una captura de lanzones y 526 becquerelios de cesio-137 por kilo en otra captura de peces en la prefectura de Ibaraki, al sur de Fukushima. Los pescadores suspendieron su almacenamiento y traslado a la lonja.
El ministro de Pesca, Michihiko Kano, aseguró que se emprenderán inspecciones radiológicas de la pesca y otros productos del mar. Todas las partidas que superen los 2.000 becquerelios de yodo-131 y los 500 becquerelios de cesio-137 serán retiradas.
Los nuevos estándares no parecen suficientes para India, que ha sido el primer país en prohibir todas las importaciones de alimentos de Japón durante tres meses, tras conocerse la noticia de que el yodo-131 en el agua del mar superó en 7,5 millones el límite legal el sábado.
Mientras tanto, continúa la operación para verter 11.500 toneladas de agua radiactiva a la mar iniciada el lunes 11. El objetivo es dejar espacio libre en los tanques de almacenamiento de Fukushima para el agua extremadamente radiactiva de los reactores 1, 2 y 3. Se calcula que unas 60.000 toneladas inundan los sótanos de los reactores y que gran parte acabará filtrándose en el mar.
El origen de la elevada contaminación es la brecha en la unidad 2, que los expertos llevan dos semanas intentando cerrar. Tepco distribuyó dos fotografías, una del antes y otra del después, en las que se aprecia que el chorro de agua que escapa por la grieta ha reducido su caudal notablemente, aunque sigue fluyendo
aseguran que "no supone un riesgo para la salud"
Las autoridades insistieron en que el vertido de las 11.500 toneladas no supone un riesgo para la salud, si bien el portavoz del Gobierno, Yukio Edano, pidió "perdón" por ello y un directivo de Tepco estuvo al borde de las lágrimas por condenar a los habitantes de Fukushima a "otra carga". Actitudes, desde luego, llenas de cinismo y nada tranquilizadoras.
La cuestión es que una vez en el agua, la radiación causa serios daños en la vida oceánica, como matarla directamente, o provocar importantes mutaciones en la descendencia de los animales, o avanzar la radiación por la cadena alimenticia, incluso hasta llegar a los humanos. Esto lo afirma, entre muchos científicos más, el profesor Joseph Rachlin, director del Lehman College’s Laboratory for Marine and Estuarine Research de New York.
“Habrá un potencial aumento de la mortalidad en los organismos vivos del agua, aunque lo peor son los posibles efectos en los genes de los animales expuestos”, aseguró el científico. “El primer problema de la radiación es que afecta la reproducción de los seres vivos”.
Mientras, se desconoce la cantidad de agua subterránea contaminada que escapa de los depósitos de refrigeración de los reactores nucleares, Tepco comenzará a indemnizar a los residentes, granjeros y pescadores de la zona afectada a finales de mes. Más de 80.000 personas han sido evacuadas por la amenaza nuclear y el sector primario de toda la provincia está condenado a muerte
Texto: Guadalupe Romero