PECIOS: FANTASMAS SUMERGIDOS
(13-01-10) La visión fantasmal de un pecio reposando en el fondo del mar es una de las imágenes más sugerentes de la exploración submarina. Vamos a dar las claves para disfrutar de forma plena y segura de este tipo de buceo.
La huella del hombre navegando por los mares del planeta se remonta casi a la noche de los tiempos, y los restos de sus diferentes naves se han esparcido por todos fondos marinos. Barcos de toda época, forma y condición esperan a los exploradores submarinos, ansiosos de nuevas experiencias.
Los barcos hundidos forman parte de los ecosistemas submarinos, al actuar como verdaderos imanes para la vida. La presencia de una estructura fija en el fondo del mar hace que se convierta en una especie de parada obligada para las miles de formas de vida marina que deambulan por el líquido elemento.
Basta con observar la enorme rapidez con el que un barco recién hundido empieza a cubrirse de diferentes formas. En los mares tropicales son los corales, blandos y duros, los grandes encargados de la colonización mientras que en nuestras latitudes son las algas, esponjas, anémonas, gorgonias y demás pequeños seres son los primeros pobladores.
Éstos a su vez atraerán a otros, completándose toda la pirámide. Moluscos, crustáceos, pequeños peces y peces más grandes irán poco a poco adueñándose de lo que antes era madera y hierro, constituyendo en muchos caso un verdadero oasis, de tal manera que bastará con que nos alejemos unos metros del casco para que la concentración animal disminuya notablemente.
Son muy numerosos los habitantes de los pecios. A grandes rasgos podemos ver peces gregarios que se reúnen en pequeños cardúmenes buscando la protección de los restos. En aguas tropicales los “peces de cristal” suelen ser unos de los invitados clásicos, mientras que en el Mediterráneo suelen ser los tres colas o los reyezuelos. En aguas Canarias los protagonistas son los roncadores que forman espectaculares concentraciones en algunos pecios.
Los animales territoriales buscan también los recovecos de las naves hundidas para sus guaridas, así los congrios y las morenas o grandes meros son habitantes frecuentes. Por último, las rayas, tiburones y barracudas suelen ser habituales en los alrededores ante esta concentración de vida.
LOS NUEVOS PECIOS
Además de los pecios “naturales”, recientemente se han hundido diferentes barcos (o incluso aviones), algunos para fines de recuperación de zonas, como antes apuntábamos, y otros con un fin puramente lúdico para favorecer el turismo subacuático. En estos últimos casos se elige el lugar de hundimiento, buscando sitios a no demasiada profundidad y protegidos para poder bucear en la mayor parte de los días.
Un tema importante es que en estos casos el barco se suele encontrar preparado para evitar cualquier problema a los buceadores. Se ha limpiado de restos contaminantes a la vez que se eliminan cables y zonas peligrosas. Lo que ocurre es que también se suelen quitar algunos de los elementos más típicos de los barcos y que tienen cierto valor en el mercado, como pueden ser las hélices, timones o bitácoras. Se gana en seguridad a cambio de perder en “tipismo marinero”.
EXPLORANDO UN BARCO HUNDIDO
La exploración de un barco hundido requiere siempre algunas precauciones particulares. Como en cualquier inmersión, la planificación ocupa un papel destacado. Es recomendable, informarse previamente de las características del pecio y es especialmente interesante poder contar con un dibujo o un plano.
Hay que tener en cuenta que introducirse en un navío siempre es una inmersión potencialmente peligrosa, pasamos a un buceo en entornos confinados, donde existe techo y las posibilidades de escape se reducen. Si vamos a meternos es fundamental un buen control de la flotabilidad. Los barcos hundidos suelen presentar una gran cantidad e sedimento por lo que un aleteo descontrolado puede provocar una gran turbidez, al igual que ocurre en una cueva, con fatales consecuencias.
Por otro lado los hierros oxidados se convierten en verdaderos cuchillos afilados que nos pueden infligir heridas de consideración, por lo tanto se impone un perfecto equilibrio hidrostático. El uso de un hilo guía puede ser una buena opción. Evidentemente para un exploración interna de un pecio un buen foco es siempre imprescindible. Recordemos que las diferentes organizaciones docentes ofrecen cursos de especialidad sobre este tipo de buceo en barcos hundidos.
Otra particularidad que tienen los pecios es la posibilidad de que tengan una carga peligrosa. Esto es particularmente importante en los barcos de guerra. Todavía podemos encontrar algunos cargados de material explosivo, que pese al paso del tiempo, sigue siendo muy peligroso. Es el caso del famoso Umbría en Sudan o de muchos de los pecios de la laguna de Truk. En estos casos hemos de extremar las precauciones no tocando absolutamente nada y siendo muy cautos en la exploración.
En este mismo orden de cosas hemos de tener en cuenta que aunque no toquemos nada y no suframos ningún enganchón, nuestras propias burbujas pueden crear cámaras de aire que desestabilicen el barco o alguna parte de su carga. También estas pompas de aire, al chocar contra el techo producen desprendimientos de sedimentos por lo que se enturbia el agua.
RESPETO POR EL PASADO
Para terminar, hemos de hacer una llamada a la conciencia ética de todos los buceadores. Hay que ser extremadamente respetuosos con los restos que nos encontremos. Algunos pueden tener un valor arqueológico, si es así, hemos de limitar la inmersión y dar parte a las autoridades de nuestro hallazgo. En este caso, no hacerlo y extraer restos constituye un delito tipificado en el Código Penal.
Pero en cualquier caso hemos de ser respetuosos, por una cuestión de principios y para que el resto de submarinistas puedan seguir disfrutando de este espectáculo sumergido. Imágenes como las del famosísimo Thistlegorm, que está siendo, literalmente despedazado por hordas de centros y buceadores sin escrúpulos, no deberían repetirse nunca más. Viendo las imágenes actuales de la destrucción y comparadas con las que muchos guardamos en la memora de hace años, se comprende perfectamente que Cousteau, su descubridor, no hiciera pública su ubicación.
Por último hay que tener en cuenta que en muchos casos los restos que vemos han sido fruto de la tragedia, con la pérdida de muchas vidas humanas, un poco de respeto nunca vendrá mal. En este sentido es muy interesante y remarcable la campaña que lleva a cabo PADI, dentro del Proyecto AWARE de protección de pecios “Respect our wrecks” (www.projectaware.org).
Texto y fotos: Juan Carlos García