(09-01-09) Un
viaje a Florida para bucear junto a estos animales prehistóricos,
de carácter bonachón y confiado. Es una especie seriamente amenazada,
por la persecución a que fue sometida el siglo pasado y la progresiva
destrucción de sus hábitats naturales
Los Manatíes
emiten un tipo de sonidos muy peculiares. Parecen gritos lastimeros,
como los que proferían las legendarias sirenas. Por este motivo
se les ha clasificado, junto con el dugong, dentro de la familia
de los sirénidos. Se cree que las sirenas, cuya voz -según dicen
las leyendas-, hechizaba a los marineros, eran de hecho manatíes.
Hacía tiempo que teníamos proyectado hacer
un viaje para conocer a estos animales que habíamos visto sólo
en fotos. Nos apetecía especialmente nadar con ellos, pues nos
habían comentado que eran muy pacíficos y bonachones, y que se
dejaban acercar y acariciar a diferencia de otros mamíferos marinos
salvajes, como los delfines y lobos marinos, cuyo contacto físico
es más difícil.
Sabíamos que
los manatíes son poco amantes de las aguas frías, y que durante
los meses de invierno se desplazaban en busca de aguas templadas
a los manantiales de las zonas más meridionales de Florida. Fue
allí, donde decidimos ir a conocerlos y celebrar con ellos la
llegada del Año Nuevo.
censo de manatíes en crystal
river
Llegamos a Orlando e hicimos el trayecto por
carretera hasta Crystal River, uno de los pocos lugares en el
mundo donde se puede nadar con manatíes en libertad. Tienen censados
unos 1.200 ejemplares en la zona costera.
Nos instalamos
en Port Paradise, alquilando una embarcación a motor de 5 metros
de eslora que tripulamos nosotros mismos. El Centro de Buceo
es a la vez Centro de Alquiler de lanchas y canoas. Allí nos
entregaron un mapa donde quedaban delimitadas varias zonas.
Las áreas prohibidas
denominadas Santuarios de Manatíes están señalizadas con balizas,
son zonas vigiladas por guardias costeros en las que no se puede
entrar en barco, nadar, bucear, ni pescar. Aquí estos animales
se protegen de su mayor enemigo: el hombre.
Existían varias
zonas donde si podíamos entrar con la embarcación, pero teníamos
que tener cuidado y reducir la velocidad para no herir a los
manatíes, pues estamos en el estuario del río donde hay muy poca
profundidad, de 1/2 metro a unos 6 como máximo. Es también por
ello, que decidimos no utilizar las botellas y hacer snorkel.
La natación
y la apnea se convirtieron en una de nuestras principales actividades.
Cada mañana estábamos más de 4 horas dentro del agua, muy cálida
por cierto. De la diferencia de temperatura entre el agua y el
exterior surgían unas nieblas matinales bellísimas que le daban
al paisaje otra dimensión, casi irreal.
En el Centro de Buceo de Port Paradise también
alquilaban botellas, ya que cerca de uno de los santuarios de
manatíes, llamado King Spring y situado en Banana Island,
hay una gruta a unos 15 metros de profundidad, de agua dulce
y muy limpia, donde habitan gran variedad de peces y en cuyas
paredes hay gran cantidad de incrustaciones de fósiles marinos.
primer encuentro con las sirenas
El primer
día por la mañana nos dirigimos a Three Sisters Springs una
de las zonas menos profundas del río y donde el agua es más cristalina
por existir surtidores de agua dulce que nacen en el interior
de un pequeño lago. Después de arrojar el ancla y de lanzarnos
al agua divisamos enseguida a una familia compuesta por dos adultos
y un bebé.
Nos acercamos
a ellos. Lo primero que nos llamó la atención fue su apariencia,
realmente prehistórica, de animal poco evolucionado. Destacan
por ejemplo las tres o cuatro uñas que pueden apreciarse en las
aletas delanteras; seguramente debido a su ancestral parentesco
con los elefantes. Eran gordinflones, como el del anuncio de
Michelin, alcanzando los adultos un tamaño considerable. Estaban
los tres posados en el suelo y enseguida empezaron a jugar con
nosotros. Son muy cariñosos y apacibles, les encanta que les
acaricien la barriga, a veces se dan la vuelta para que puedas
hacerlo mejor.
Sorprende de su fisonomía, la
enorme cola redondeada que baten cuando se desplazan. Pueden
llegar a velocidades de 4 o 5 km/h. cuando nadan, y superarlos
en la huida. O los hirsutos pelos que pueblan su hocico y nos
recuerdan a aquella tía lejana que todos tenemos... Los adultos
suelen tener cubierto el lomo de una fina capa de algas verdes,
que a veces intentan eliminar rascándose contra el fondo arenoso
o contra el casco de las embarcaciones.
Los bebés manatíes están siempre
junto a su madre, la cual les acompaña incluso cuando ascienden
a respirar a la superficie. Vimos uno amamantándose. Las mamas
están situadas debajo de las aletas delanteras. A veces las hembras
amamantan al mismo tiempo a su bebé y a un huérfano, o a una
cría que por su tamaño es obvio que nació en un parto anterior.
También encontramos manatíes durmiendo (lo que hacen durante
5 ó 6 horas al día) y comiendo, sus dos actividades preferidas.
Después de una hora de estar
con ellos, decidieron que ya tenían bastante de juegos y se fueron,
dirigiéndose hacia la zona balizada, su santuario. Decidimos
dedicar las mañanas a jugar con estos mamíferos marinos y por
la tarde, aprovechando que teníamos la embarcación, adentrarnos
por los canales de Crystal River.
una semana de convivencia
Lo que al principio iba a ser
un viaje de 3 días, acabó convirtiéndose en una estancia de una
semana. Estábamos entusiasmados con los manatíes y al final nos
seguían a nosotros, sobre todo los bebés y juveniles. Los reconocíamos
por las cicatrices que tienen en el lomo y en la cola. Se trata
de heridas producidas por las hélices de las lanchas y barcos.
Las embarcaciones representan
una de las grandes amenazas actuales del manatí. La otra es la
desaparición paulatina de su hábitat natural: muchas de las praderas
marinas a lo largo de las costas y estuarios donde solían alimentarse,
han sido desecadas y contaminadas con los vertidos provenientes
de la agricultura y la industria. También ha contribuido a que
desaparecieran estas praderas, las construcciones que el hombre
ha hecho en las zonas costeras.
Ésta situación actual, unido
a que en el siglo pasado fue masacrado (es un animal muy fácil
de cazar, púes no opone resistencia) ha hecho que esta especie
se encuentre seriamente amenazada ya que, aunque puede vivir
muchos años, tiene una tasa reproductora muy baja.
Después de estar una semana entre
ellos, nos fuimos con la sensación de que habíamos sido unos
privilegiados, pues éramos conscientes que dentro de unos años
quizás no los podremos volver a tocar, y que solamente será posible
verlos a través de los cristales de algún acuario, o desde la
superficie en algún parque natural. O lo que es más terrible,
en las vitrinas de un museo de Zoología.
Texto: Celia Rivera / RiscK
Fotos: Carlos Virgili / Risck |