(03-10-11) Una adecuada protección y la lejanía de la costa han convertido las islas Columbretes en un verdadero vergel submarino, atesorando algunas de las mejores inmersiones de nuestras aguas.
Las islas Columbretes forman un pequeño archipiélago situado a 28 millas de la costa más cercana. Está compuesto por cuatro islas, todas ellas de origen volcánico: la Columbrete Grande o L´Illa Grossa, La Ferrera, la Foradada y el Bergantín, o Carallot así como numerosos islotes y bajos.
Históricamente han sido frecuentadas por romanos y griegos, siendo también habitual refugio de piratas. La presencia humana permanente se produce desde 1856 fecha en la que se inició la construcción del faro, hasta 1975, fecha de su automatización completa.
En esta última época es cuando más agresiones medioambientales han sufrido, con la quema de vegetación autóctona y la suelta de cerdos y conejos en la isla mayor para acabar con las víboras y escorpiones. Caza indiscriminada de aves migratorias y una brutal sobrepesca y extracción de coral rojo, hasta su práctica extinción.
Si todo esto no era suficiente, durante varios años estos islotes sirvieron como campo de tiro para los ejércitos del aire y las armadas, española y estadounidense. De hecho son frecuentes los encuentros submarinos con obuses, y alguno queda aún incrustado en las paredes de las islas. Circula la historia de que la prominente figura del Bergantín, un monolito de 32 m, quedó reducida en altura por el impacto de un proyectil.
HACIA UN ÁREA PROTEGIDA
Afortunadamente, se puso freno a esta lamentable situación con la declaración de toda la zona como parque natural por el Decreto 15/1988, de 25 de enero de la Generalitat Valenciana, y la reserva marina creada por Orden de 19 de abril de 1990 del Ministerio de Agricultura Pesca y Alimentación. El área engloba dos reservas integrales, localizadas en los alrededores de El Carallot y de El Mural del Cemeteri. Con la promulgación por la Generalitat valenciana de la Ley de Espacios Naturales, se convierte en reserva natural.
Con estas figuras legales, se protegía no sólo la parte emergida, muy interesante desde un punto de vista botánico y ornitológico (colonia de gaviota de Audouin y zona de cría de Halcón de Eleonor), sino también todos sus fondos marinos.
La presencia permanente de guardería en la zona dotada de medios técnicos y humanos, hace que se cumpla la normativa, lo que se aprecia en el buen estado de conservación del conjunto del área protegida.
COLUMBRETE GRANDE
En los días claros y despejados se puede apreciar, desde tierra, la característica silueta de las islas en lontananza. Pero si la mañana presenta esa clásica calima marina, tendremos la sensación de que pronto desaparece la costa y no se atisban todavía las islas, de estar en pleno mar abierto, o lo que es lo mismo, encontrarnos camino de la aventura.
Nuestro destino es la mayor de las islas, llamada Columbrete Grande o también L´ Illa Grossa. Aquí es donde la guardería del parque comprobará nuestros permisos, inspeccionará la embarcación y nos comentaran brevemente las normas de la reserva. Esta isla presenta una clara forma circular que denota su origen volcánico. Nos encontramos en un antiguo cráter, donde por efecto del mar se ha desmoronado la parte abierta a levante.
Toda la herradura es adecuada para el buceo. Hay varias boyas habilitadas para el amarre de las embarcaciones y también para realizar desde allí las inmersiones correspondientes. Toda esta zona es también un estupendo lugar para practicar snorkel, por el poco fondo, sobre todo en la zona el pequeño puerto, y por la claridad de las aguas.
Lo primero que sorprende al, simplemente, meter la cabeza, es la abundancia de peces, la variedad de especies, y el tamaño que alcanzan. Da la impresión que estamos ante otros animales diferentes a los que estamos acostumbrados a ver en este mismo mar, tal es la disparidad de tamaños. Y es que el beneficioso efecto de la reserva se nota, y mucho.
LOS ISLOTES ORIENTALES
En el lado sureste, enfrente del faro, nos encontramos con tres resaltes muy característicos, el Mascarat, con su peculiar aspecto de gigantesca aleta de tiburón la Señoreta y el Mancolibre. Esta es una zona de especial riqueza, y que, si el estado del mar y la corriente lo permiten, podemos prolongar la inmersión por la parte externa de la isla.
La abundancia de meros, tan escasos en otras zonas, es descomunal. Ejemplares de todos los tamaños van desfilando ante nuestros atónitos ojos. Son animales salvajes, que nunca han sido alimentados por el hombre pero que, poco a poco, van acostumbrándose a su pacífica presencia, aunque siempre manteniendo una cierta distancia de seguridad.
Al pasar al exterior de la isla, por una especie de pequeño collado submarino de apenas cinco metros de profundidad, la pared se va haciendo más abrupta, a la vez que contemplamos algunas barracudas, entre dos aguas.
La vida es especialmente abundante con bancos de corvinas, sargos, mojarras, así como grandes ejemplares de doradas y dentones, casi imposibles ya de ver en otros lugares de la costa. Iniciando el regreso varios bancos de pequeños peces plateados, evolucionen en una especie de ballet submarino de gran belleza plástica, ante las acometidas de los depredadores, ya sean serviolas o pequeños túnidos. Todo un espectáculo natural.
BUCEANDO BAJO EL FARO
Sumergiéndonos bajo el faro podemos llegar a la llamada Punta Collibri, donde el paso de las corrientes hace que la vida marina sea de nuevo esplendorosa, con grandes cardúmenes, que nos recuerdan mares de otras latitudes. La presencia de meros sigue siendo muy abundante, como antes comentábamos, dándonos buena idea de la buena salud del ecosistema.
Otro indicador puede ser, las langostas. Estas son visibles, especialmente con el agua fría, particularmente, en invierno y primavera. Tras años de sobreexplotación, la especie se ha recuperado. Pocos, poquísimos, lugares del Mediterráneo español pueden superar el tamaño de los ejemplares que aquí se pueden observar. Casi en cada hueco, en cada cueva, podemos encontrar especímenes. Las paredes parecen cobrar vida, con montones de antenas, en lo que significa un síntoma maravilloso de la regeneración de este ecosistema marino.
Un último apunte en esta misma dirección es la abundancia del mayor, y muy escaso molusco mediterráneo. Nos referimos a la nacra (Pinna nobilis), casi extinta en nuestras costas y que en esta agua adquiere grandes tamaños y moderada abundancia.
EL JARDÍN SUMERGIDO
Otro factor, no menos sorprendente de estos fondos, es la profusa y variada cubierta vegetal. Algas verdes, pardas y rojas se van alternando en los distintos substratos, como si estuviésemos ante un jardín subacuático. Pueden observarse en zonas profundas, algunas rarezas como las laminarias.
Igualmente interesante es la vida invertebrada con numerosas esponjas, anémonas, gorgonias y briozoos, entre los que destaca grandes colonias de coralina o falso coral. El auténtico coral rojo (Corallium rubrum) aún está presente; pero siempre se trata de ejemplares pequeños y a gran profundidad, fruto de la brutal extracción a la que fue sometido.
Esperemos que al igual que está ocurriendo con el resto de las especies, las adecuadas medidas conservacionistas empleadas, sirvan para volver a recuperar esta emblemática especie, de lo que sin duda es ya un auténtico paraíso submarino, en medio del Mare Nostrum.
Texto y fotos: Juan Carlos García
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