ANDORRA, EL LAGO DE JUCLAR
(28-12-09) Como ya os prometí hace meses en mi primer reportaje sobre el país fronterizo, habría una segunda parte. Hela aquí. Esta vez la “aventura” con los de Diving Andorra es bastante más ardua que la primera y la experiencia diferente. Pero no sabría con cual quedarme de las dos. Bucear bajo el hielo, me apasiona siempre. Espero transmitirte mis sensaciones…
Salimos a primera hora del hotel situado en Ordino. Hoy nos espera un buen tute, y yo estoy recién operado de menisco (como CV7…), veremos si el cuerpo aguanta.
Para llegar a nuestro punto de partida, hay que atravesar en coche el Valle de Inclés, uno de los parajes más bonitos de Andorra; una estrecha carretera discurre serpenteando por el fondo de este valle, a derecha e izquierda pasto verde, coníferas centenarias, caballos y vacas pastando y un riachuelo que, por el reflejo del sol a primera hora de la mañana, parece más bien uno de papel de plata del belén de casa de la abuelita. Pequeñas casas aisladas (bordas) se hallan diseminadas por las laderas. Por supuesto no puedo resistir la tentación y mi cámara empieza a trabajar, tardo más de media hora en recorrer los tres kilómetros de la carreterita.
Al final llego al Pont de la Baladosa donde se encuentra un gran descampado que sirve de parking para la gran masa de senderistas, guiris, turistas, y demás fauna variada que llega hasta este punto para darse un paseíto al lado del río o pegarse una buena caminata hasta la frontera francesa.
Preparo todo mi equipo submarino para un corto viaje (el suyo, no el mío), mi bolsa con el traje seco Mares, of course; mi súper maletón con la caja estanca; los 500 kilos de plomo, etc… Lo pongo todo sobre una red que se halla extendida en el suelo en un extremo del aparcamiento, que ya han extendido al efecto los "mushashos" de Héctor y Raúl, los "culpables" de la existencia de Diving Andorra. No, no van a portear encima de la cabeza los casi 200 kilos de carga que llevamos, están fuertes pero no son masokas. Es para el helicóptero, hombre.
Como no estoy en mi mejor forma, y además mi vicio me hace ser mucho más lento que los demás, empiezo a tirar para arriba, al principio es un caminito de tierra con poca pendiente que se hace muy llevadero. El día es magnifico, luce el sol, apenas viento, unas nubecillas aquí y allá que hacen el cielo más fotogénico. ¿Qué más se puede pedir?
El camino hacia el Estany de Juclar es de apenas 3 kilómetros en línea recta, pero a partir de un tercio del recorrido empieza la subidita de verdad, hay que trepar por alguna roquilla, saltar algún riachuelo producto del deshielo y cruzar algún puente de madera, pero si puedo subir yo con mi avanzada edad y mi menisco "chungo", vosotros seguro que también podéis.
El sendero estaba rodeado por la flora típica de la alta montaña, favorecida por la ingente cantidad de agua que aporta el deshielo. Estamos a mediados de Junio. El espectáculo de color compensaba el estertor de mis pulmones al subir la cuestecilla. De vez en cuando me adelantaba algún grupillo de jovenzuelos bullangueros, pero no le daba importancia. La experiencia es un grado, pensaba para mis adentros…
EL EQUIPO DE BUCEO VIAJA EN HELICÓPTERO
De repente, la virginal paz de mi ascensión se ve truncada por un estruendo: ¿Es un pájaro, es un avión de Air Comet, o quizás Superman en gayumbos? No, criaturas, es "nuestro licóptero" que sube –bastante más rápido que este "probe" servidor de ustedes- hacia los lagos cargado con nuestros cachivaches.
Cuando empezábamos a alcanzar la cota de los 2000 metros la excursión se empezó a complicar, pues la nieve (y lo que es peor, el hielo) hacían su presencia, en algunos pasos por laderas empinadas había que pisar con cuidado para evitar bajar como en un tobogán hacia un malvado grupo de piedras que nos esperaba abajo.
La altitud empezaba a hacer mella, y los pasos ya no eran tan largos y firmes. Después de caminar unas dos horas y media (se puede hacer en menos, sin hacer fotos y en plena forma) y salvar un desnivel de 700 metros, llegamos a una mini presa que cierra un extremo del Juclar, en realidad del que ellos llaman "Estany primer". (Estanque primero, pues a continuación hay uno bastante más pequeño, el segundo, claro).
Estamos a más de 2.300 metros de altitud, ante el lago más grande de Andorra, 21 hectáreas de superficie, y rodeados de montañas que alcanzan los 2.781 metros (Pic de Escobes). Una vista que quita el "sentío".
Sólo la excursión hasta aquí ya vale el viaje, pero si además eres "susmarinista", ahora viene la segunda parte…
Al principio del lago principal existe un refugio muy modernillo, con todas las comodidades propias de la alta montaña, allí hacemos un pequeño descanso pues nos queda otra mini excursión pendiente: desde el refugio hasta el punto de unión entre los dos lagos, lugar donde el "parato" volador ha depositado gentilmente nuestros enseres de hombre-rana.
Empieza la segunda parte del “chou”: Abro mi maletín hermético, y allí está, mi criatura, esperándome, como siempre. Un poco empañada por el fresquillo llevadero que hace en este esplendido -por ahora- día de final de la Primavera.
Estamos en el fondo de una cuenca glacial, y las piedras sueltas conforman el terreno, muchas son puntiagudas y traicioneras, y la tarea de acercar el equipo pesado al borde del lago, parece más un numero circense de Ángel Cristo, cuando no estaba "perjudicao".
Meto la patita en el agua para ver si está fresquita. Brrrrrr, tres graditos, suerte que no somos finlandeses "pecho-lobo" que se van a sumergir a pelo, sino correctamente ataviados con nuestros trajes secos "pata negra".
Mientras los muchachos de Diving Andorra ayudan a los más inexpertos, Óscar (otro "piriodista facineroso" y aguerrido) y un servidor, preparamos el planning de la inmersión. Debajo del agua, y con la cara tiesa, es difícil comunicarse, mejor dejarlo todo clarito.
EL AGUA DEL DESHIELO REMUEVE EL FONDO
Empezamos a nadar en superficie para pasar menos frío y ahorrar aire, surcando una especie de bahía con una isla de piedra en el centro, cuando llegamos hasta ella, veo unas rocas enormes y redondeadas, la luz del solo penetra en el agua formando arabescos y nos permite una visibilidad de unos 15/20 metros (el agua del deshielo remueve el fondo). Perfecto para unas fotillos de precalentamiento. Hago la señal a mi compañero y bajamos unos metros para empezar a "darle gusto al minino"; cuesta conseguir la pose perfecta un poco más de lo deseado, porque no es mi modelo habitual y hay que recolocarlo "a mano" de vez en cuando, pero se porta como un machote del Norte, que es.
Empezamos a nadar hacia un extremo del lago, donde está la única porción de banquisa que queda más o menos entera. Un lago mola, pero mola mucho más helado. Llegamos al borde del "azúcar quemado" de este lago de crema catalana (perdón, andorrana), y aprovecho para hacer unas cuantas fotos anfibias de esas que siempre impactan al personal.
Algunas nubes de buen tamaño empiezan a vislumbrarse por detrás de los elevados picos que rodean el lago, por si acaso me quedo sin mi estimado astro rey, nos metemos sin más dilación bajo la nívea capa en evidente descomposición, está ya repleta de agujeros en su cara inferior, y es fácil en algunos puntos atravesarla con el puño haciendo un poco de fuerza.
Pero sigue siendo fantástico el aletear boca arriba observando como nuestras burbujas se deslizan como mercurio en nuestro techo virtual. Las formas que dibujan varían constantemente, hipnotizándote. Pequeños agujeros dejan penetrar la luz directa del Lorenzo, y por los más grandes se observa, si dejamos de respirar unos segundos, todo el circo montañoso que nos rodea. Lástima que no inventen lagos helados tropicales… O con focas leopardo y pingüinos en Andorra. Tendré que preguntarles a Héctor y Raúl a ver si con un suplemento se pueden encargar.
Llevamos casi una hora haciendo el canelo en el lago, y al girarme veo a Oscar como si se tratara de una versión bilbaína de Garfield pegado a la capa de hielo como una lapa. ¿Estará juguetón?. Negativo, sino, no me estaría haciendo señas agónicas para que vaya… Llego hasta él y me señala su cinturón de plomos. Miro extrañado pues se lo sigo viendo puesto…, pero entonces descubro que sus bolsillos desmontables ya no están donde deberían. Escudriño hacia abajo… ufff que oscuro. Por un segundo pienso en bajar a ver si se los encuentro, pero después meditándolo mejor, decido que no por tres razones: Primera, el fondo máximo está a ¡90 metros!; segunda, estamos a 2.300 metros de altitud; y ultima, y consecuencia de lo anterior, si hago la parada de "deco" que me marque el "ordenata", igual me encuentran terminándola los primeros bañistas que se acerquen al lago en verano…. Casi que no.
Ayudo a mi compañero a salir de la zona helada como quien lleva un globo en un túnel, ¡que ilu!. Llegamos a la zona de la isla y Óscar decide volverse nadando –obviamente- por superficie. Yo, como soy un viciosón, apuro el aire en una zona cercana a una mini morrena de hielo en el borde del lago. ¡Cogno, por que no habré venido antes! El paisaje es fantástico dentro del agua, pues la nieve helada fruto de la presión y el deshielo ha devenido en un paisaje submarino más propio del Polo. Las formaciones a ras de superficie con el sol entrando son geniales para mi ojo de pez y las "ametrallo" mientras oigo el crujido del hielo moviéndose lentamente hacía su fatal destino: convertirse de nuevo en agua.
"¡CINCO MINUTOS MÁS, POR FAVOR!"
Saco la cabecita y veo a Óscar, y a todo el equipo de Diving Andorra acabándose de vestir de "paisano". Llevo 90 minutos en el agua. Del mismo Bilbao, oiga. Como soy su invitado, no me gritan lo que piensan de mi, pero les veo el "careto". Como un niño desperezándose antes de su primer día de "cole", le digo a Héctor, "¿Tito Héctor, 5 minutitos más, porfi?" Asiente, con aire cansino y resignado.
Saco el aire del traje y me sumerjo a un metrito, solo a uno, me meto hasta casi la orilla y navego con cuidado bajo la enorme masa que tengo encima (¡Niños, no hagáis esto en casa!). De repente, mi instinto animal (muy animal) me hace mirar hacía un lado, un grupito de truchas Findus navega indolentemente entre los dedos del témpano. No parecen temerme mucho, o sus cerebros están tan congelados que no reaccionan demasiado rápido, me acerco todo lo que puedo hasta los plateados seres pues llevo un ojo de pez y si están demasiado lejos parecerán chanquetes en vez de truchas. Dos, tres fotos y pienso en Héctor… “cachislamar”, la conciencia me traiciona y decido salir del agua. Todos están esperándome con cara de aburrimiento.
Mientras me cambio de ropa, empiezan a tirar para el refugio, que son casi las 4 y ya es hora de comer. Vamos retrasados. ¿Será por mi culpa?
Mientras las butifarras, el "pá amb tomaquet", y la escalibada van saliendo de la barbacoa, las nubes que parecían querer aguarnos el fin de fiesta, acaban haciéndolo. Acabamos de comer, mojaditos, dentro del refugio.
Con la barriga llena, y la mente repleta también de imágenes, empiezo a bajar solo hacía mi coche. Hay que volver a "Pala". Ahora es menos duro, pero la lluvia, y el deshielo después de un día de sol radiante, hacen las rocas más resbaladizas. Cuidadín, no estropeemos un día para enmarcar…
Es media tarde y llego hasta mi todoterreno; al lado, encima de la red, están mis pertrechos. Parece que todo esté igual que esta mañana y todo haya sido un sueño. Un bonito sueño que sin duda repetiré.