(29-01-09) Declarado
por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad y Reserva de la Biosfera,
este singular rosario de islas que salpican el Océano Pacífico
atesora una fauna tan rica como variada y un sinfín de rincones
paradisíacos que lo convierten en uno de los lugares más exóticos
y codiciados para viajes de ocio.
Nada hay más
atrayente que las islas, particularmente las nacidas de violentos
estallidos de la tierra, auténticos paraísos surgidos de los
fondos oceánicos tras erupciones volcánicas que continúan su
acción en el tiempo y en el espacio.
Su aislamiento
es secular, nunca han estado unidas al continente, lo que desde
siempre las ha rodeado de un halo misterioso que ha propiciado
una irresistible atracción para el ser humano. Científicos, naturalistas,
aventureros, viajeros y hasta grandes filósofos han buscado en
la soledad, calma y magnificencia de esos paisajes insulares
en constante evolución un motivo para su inspiración y trabajo.
Las Islas Encantadas, como bautizaron los españoles
al archipiélago ecuatoriano de Galápagos, tienen la particularidad
de haberse mantenido casi vírgenes, salvo esporádicos intentos
de colonización, hasta tiempos bien recientes. Incluso, hasta
han resistido el imparable avance de la vorágine turística, entre
otras razones por la escasez de infraestructuras hoteleras de
primer orden.
La mejor
forma de acercarse a estas islas es aterrizar en la capital de
Ecuador, Quito, recorrer sus calles, aprovechar para hacer compras,
volar a una de las islas principales y embarcarse en un hotel
flotante, uno de los lujosos barcos perfectamente acondicionados
que surcan las aguas del archipiélago y recorren los puntos de
máximo interés.
un lujoso barco, la mejor opciÓn
Esta particularidad es precisamente la
que más atrae de Galápagos. El viajero no encontrará grandes
hoteles ni muchas instalaciones de lujo, el mejor alojamiento
está en el mar, en barcos fletados por los operadores que trabajan
en la zona todos los días del año. Abordo del cómodo y acogedor Galápagos
Agressor II, visitamos una parte de las trece islas mayores,
seis pequeñas y numerosos islotes que, en total, cubren 110.000
kilómetros cuadrados.
Una vez
que se desciende sobre la tierra de estas Islas Encantadas nada
podrá hacer olvidar sus singulares características. Vale la pena
recorrer este archipiélago y dejarse maravillar por un mundo
que no conoce el significado de los rascacielos, los automóviles
ni la contaminación.
Iguanas color de lava, tortugas de 600
kilos de peso, cormoranes o cuervos marinos no voladores y piqueros
de patas azules, son sólo algunos de los regalos con que la madre
naturaleza ha dotado a estas remotas islas del Océano Pacífico,
en las que, para dar más color a su variopinta fauna y para sorpresa
del visitante, pingüinos, leones marinos y peces tropicales comparten
las mismas aguas.
Gracias
a su situación y a que el archipiélago nunca estuvo enlazado
o comunicado con el continente, todas las especies que hay en
las islas, de alguna manera, se las arreglaron para poder vencer
los más de 1.000 kilómetros de mar abierto que separan a las
Galápagos de tierra continental.
Aquellas que disfrutaban de la
facultad de poder volar o nadar grandes distancias tuvieron mejores
oportunidades de lograrlo, aunque también hubo otras “formas
de viajar”, como el traslado de semillas, huevos de insectos
o larvas en plumas y patas de aves e, incluso, el de pequeños
mamíferos, aves de tierra, reptiles y algunos insectos y plantas,
que llegaron a las islas flotando sobre restos de vegetación
arrastrados por las corrientes que surcan el mar.
refugio de bucaneros ingleses
Otro
hecho interesante acerca del archipiélago es el nombre de las
islas. Antes de que pasaran a formar parte del territorio ecuatoriano
en 1832, las Galápagos fueron utilizadas como refugio por bucaneros
ingleses, que dieron a las islas nombres acordes con lo que se
estilaba entre la nobleza británica; por ejemplo, Indefatigable,
más conocida como Isla de Santa Cruz, que recibió su apelativo
de un navío inglés. Luego, en 1892, fueron todas oficialmente
rebautizadas en honor al 400 aniversario del primer viaje de
Cristóbal Colón y su descubrimiento de Las Américas.
Exploradores españoles y estadounidenses
también han dado a las islas otros nombres y, como resultado,
varias de ellas se conocen al menos de tres maneras diferentes,
algo que se puede constatar entre los propios lugareños y mapas
zonales.
Las islas
ofrecen gran variedad de paisajes, desde los bosques de cactus
y los terrenos de lava, hasta playas y las brumosas elevaciones
de los volcanes más grandes. Formada hace unos cuatro o cinco
millones de años por la erupción de volcanes submarinos, esta
región sigue siendo telúricamente activa.
Con una
topología como ésta, no hay duda de que en cada isla puede admirarse
alguna belleza natural. Desde Santa Fe y sus amarillentas iguanas
terrestres, hasta La Fernandina, la de mayor actividad volcánica
y la más joven de todas, existen infinidad de visitas para el
disfrute del turista. De hecho, este archipiélago es un remoto
paraíso en el que la naturaleza se esmera para ofrecer al visitante
una de sus mayores obras de arte.
Más información en BV sobre Galápagos:
http://www.buceo-virtual.com/mambiente/galapagos/galapagos.html
Texto y fotos: Jorge Keller -
Deep Blue-Video |