(25-10-10) Las islas Azores situadas, en mitad del Atlántico, sorprenden por la calidad y enorme variedad de su vida marina, grande y pequeña. Un lugar donde la aventura submarina aún es posible.
El nombre Azores lo asociamos frecuentemente con el famoso anticiclón que suele situarse en esa zona. Pero estas nueve islas ofrecen unas oportunidades extraordinarias para la vida marina, grande y pequeña. Como sucede en otras ocasiones, la relativa cercanía (apenas tres horas de distancia) no se corresponde con un especial conocimiento, más bien todo lo contrario.
PosiciÓn privilegiada
Las islas Azores (Açores en portugués) se localizan en una posición céntrica en el Océano Atlántico, a unos 1.400 km del continente europeo. Son un total de nueve islas repartidas en tres grupos, occidental, central y oriental. Nos encontramos con islas volcánicas, surgidas de las profundidades de las dorsales oceánicas, que recorren esta zona del planeta.
Se trata de un vulcanismo activo, como lo demuestran las recientes erupciones (1957-58 la última) y la presencia, sobre y bajo sus aguas, de diferentes fenómenos asociados a esta orogenia, como aguas termales, fumarolas, geiseres etc. Sus paisajes de lava negra encuentran su máxima expresión en la isla de Pico, donde su altivo volcán se eleva hasta los 2.351 m , siendo la mayor montaña de Portugal y, su silueta, un permanente reclamo para la vista.
Esa posición geográfica le permite unas condiciones climáticas templadas y un elevado grado de humedad, que imprime a las islas una de sus señas de identidad, su verdor. No se trata solo de los relictos bosques de laurisilva, sino de pinares y praderas. Si a ello le unimos su relieve montañoso y su amplia cabaña ganadera, a veces, la vista nos engañará y parecerá situarnos en paisajes suizos, antes que en medio del Atlántico.
Precisamente esa posición central en medio del océano, a lo que hay que unir la influencia de la corriente del Golfo, le dota de unas muy especiales características oceanográficas. En efecto, las islas emergen del fondo oceánico, en medio de la nada, creando una base perfecta para la vida marina. Las cifras hablan por si mismas, podemos encontrar en estas aguas cerca de 600 especies diferentes de peces, casi 2000 invertebrados y 24 tipos de cetáceos. Números, sin duda, espectaculares para unas latitudes como estas.
Las corrientes traen fauna marcadamente tropical, a la vez que los grandes animales pelágicos ven un lugar idóneo en sus migraciones, ya sea para reponer fuerzas o para reproducirse. A su vez las grandes profundidades que se alcanzan rápidamente favorecerá la presencia de poblaciones de calamares, el alimento preferido de uno de los emblemas del archipiélago: los cachalotes.
Los grandes bancos
Un hecho de gran importancia, en el pasado para la pesca y en la actualidad para el buceo, es la presencia de varios grandes bajos, bancos o montes submarinos. Es decir, islas sumergidas que no han llegado a emerger o que pueden haberlo hecho en tiempos lejanos, constituyendo ahora grandes plataformas sumergidas. Ello facilita el establecimiento de poblaciones de pelágicos, algunos raros de ver por el buceador. Se trata de inmersiones complicadas, solo aptas para submarinistas experimentados, ya que se sitúan en alta mar con largos desplazamientos, y alejadas de la costa, con corrientes y profundas.
La recompensa a todo este esfuerzo será magnífica. Grandes grupos de serviolas, bonitos o barracudas, incluso con la presencia de varias clases de tiburones o los exóticos marlines blancos. Pero sin duda una de las estrellas será la presencia casi garantizada de pequeñas mantas del género Mobula (en concreto Mobula tarapacana). Este fantástico animal es bastante abundante en estas aguas, con la presencia regular de numerosos individuos, que no suelen huir ante la presencia del buceador, toda una recompensa al esfuerzo realizado.
Probablemente, el más emblemático de estos bajos sea el Princesa Alicia, situado a 45 millas al sudoeste de la isla de Faial. Otros lugares destacables son el banco D. Joao de Castro a 35 millas de la isla Terceira, Dollabarat a 20 millas al nordeste de Santa María y las islas Formigas a 20 millas al noroeste de la misma isla.
En las aguas de Faial
Comenzamos nuestras inmersiones en Azores en la isla de Faial. Desde el puerto de Horta, nos dirigimos a la Boca das Calderhinas. Se trata de un conjunto de dos pequeños cráteres volcánicos, en cuyo interior no se puede bucear al tratarse de de reserva integral. Nosotros nos sumergiremos justo en uno de sus extremos a lo largo de una pared que corre, más o menos paralela a la costa.

Nada más sumergirnos se nota el “efecto reserva” por la gran cantidad de peces que observamos y el tamaño de los mismos. Podemos afirmar que nunca hemos visto viejas del tamaño de las que vemos aquí, verdaderamente enormes. Numerosas oquedades sirven de refugio a una multitud de rascacios de todos los tamaños imaginables, así como a morenas negras y alguna pico pato, al a vez que los gusanos de fuego se sitúan por todas partes. Un poco más profundo, podemos contemplar un par de ejemplares de mero de notables dimensiones, prueba de la riqueza y salud de la zona.
Cercana a esta zona, sobre el acantilado costero, se abren varias grandes cuevas, donde la claridad del agua nos permite vislumbrar unos juegos de luces espectaculares y toparnos con otro de los residentes clásicos de estas aguas, como son los peces ballesta que le dan una nota de tropicalidad al buceo.
Buceando en Pico
Sin llegar a los grandes bancos a los que antes aludíamos, podemos realizar una interesante inmersión en la Baixa do Sul, localizada en el canal entre Pico y Faial. Varios gigantescos escalones nos permiten ir descendiendo hacia las cotas inferiores. Su posición es proclive a las corrientes y mar de fondo; pero también a los grandes encuentros, como por ejemplo bancos de barracudas, serviolas, mantas o incluso grandes peces luna, que lamentablemente, al menos en esta ocasión, no acuden a sus cita.
Otro punto interesante de esta isla son los diversos arcos submarinos que las diversas erupciones volcánicas y la erosión marina, han creado. Así por ejemplo, los conocidos como Arcos do Pocinho, muestran un espectacular paisaje submarino, donde la claridad del agua nos permite disfrutar totalmente de la gran arcada sumergida.
Multitud de pequeños peces nos rodean en la inmersión, castañuelas, quilas, pequeños serránidos, dando un aspecto de auténtico acuario al buceo. Como despedida, y mientras realizamos la parada de seguridad, un veloz grupo de dorados (Coryphaena hippurus) pasan a nuestro lado. Una muestra de las continuas sorpresas que estas aguas nos pueden deparar.
Sao Jorge
La última isla que visitaremos en esta ocasión es la cercana y alargada isla de Sao Jorge que destaca por su costa especialmente acantilada con relictas formaciones de laurisilva y espectaculares lagunas costeras.
Lamentablemente las condiciones meteorológicas no son las ideales para realizar el buceo que teníamos previsto, por lo que deberemos realizar uno cercano a la costa y al puerto. No por ello va a ser menos sorprendente, en esta ocasión vamos a la denominada Cueva del Coral.
Es de destacar la presencia de coral negro (Antipathella wollastoni) a poca profundidad. En este caso sobre los 24 m podemos encontrar enormes ramas de coral negro que sirven de pórtico a la cueva que da nombre a la inmersión. Su interior podemos explorarlo sin mayor problema y observar varios tipos de gambas y reyezuelos.
Textos y fotos: Juan Carlos García
Santiago von Gullón
Agradecimiento:
Queremos agradecer a la Associação Regional de Turismo (ART) de Azores, y en especial a Patricia Barbosa, todas las facilidades prestadas para la elaboración de este reportaje.
www.artazores.com
|